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Aphex Twin: Música contra la generación del vaporwave.

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Que hueva comenzar hablando de la siempre llamada “larga espera” y más tratándose de Aphex Twin, porque en ese instante nos montamos en la cruzada por la búsqueda de un mesías. Expectativas y opiniones han caído como en un vertedero sobre el reciente Syro, un disco del que todos quieren hablar, pero no saben porque. Aunque, reconozcámoslo:  La música electrónica parece estar pasando por un bache, y aunque este sea solo superficial, es importante la llegada de un disco nuevo de Richard D James, Es un momento necesario para el panorama de este 2014.

“¿A quién le importa Aphex Twin?” “¿Porqué escuchar música experimental y pretenciosa?” “¿Porqué mejor no esperamos a que Pitchfork nos diga que es bueno?” Entre la avalancha de opiniones son las que muestran tedio o escepticismo las que me causan curiosidad, sobre todo viniendo de gente que en su profile de twitter ponen algo como “Melómano empedernido” o cualquier mamada similar, pero a veces estas opiniones son el síntoma. Había dicho que el síndrome del mesías es peligroso, este es el que impide que la gente (y sobre todo la más respingada) se pueda acercar a la nueva música: Caemos en la creencia de que si algo tiene hype es necesariamente malo o nos decepcionará o nos arruinará la pose, y por ello no es necesario que lo escuchemos.

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Si sumamos esto al ciclo de vida cada vez más corto de la música nueva, tenemos que le prestamos cada vez menos atención: es fugaz, nuestro cerebro ya no puede gastar más tiempo tratando de procesarlo porque mañana nuestro blog favorito estrenará en exclusiva el nuevo disco/sencillo/video del siguiente artista en turno. Mañana hay otro mixtape, otro mp3, otro concierto. Es una carnicería y a la vez es una búsqueda sin fin, absurda. Aphex Twin también forma parte del juego (basta ver como todo mundo se volvió loco tras el anuncio de Syro), pero utiliza sus cartas de manera diferente, y eso es lo que deberíamos tener en cuenta.

Bien sabemos que la epidermis de la música hoy en día se está volviendo complaciente en una medida directamente proporcional a la facilidad con que esta puede ser producida y firmada por un chaval post-internet con tumblr y cuenta de Soundcloud de por medio. Miles de productores caseros de vaporwave lo confirman: prodúzcase con software, cuélguelo en streaming,  reciba unos cuantos likes y tírese a la basura; repita el proceso. Porque la música en realidad es el papel tapiz de nuestros días: está en el fondo de todo, pero los escuchas se comprometen cada vez menos en atenderla. Es comprensible entonces que enmedio de este sopor, Richard D James busque dejar ese retiro casi monacal y reviva su alias más famoso para brindar material nuevo.

Algo del mito mágico de escuchar música se está perdiendo. Sea esto necesario realmente o solo una movida de la industria cultural, no lo sabremos hasta avanzar un poco más hacia el futuro. Pero lo cierto es que esta parte romántica no va a resucitar a fuerza de comprar viniles en una tienda de la Roma ni con textos como este, perdidos en la web, en la hueva.

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Tal vez recobremos la fe o la sorpresa con Syro: con los dirigibles de un verde ácido surcando los cielos con el logo de Aphex Twin o los esténciles invadiendo muros, con links en la deep web,con el arte del Designers Republic, con leaks falsos, como sucedió con Daft Punk, pero quizá soltados por un Richard socarrón, riéndose de nosotros junto con el staff de Warp.

Y aunque el mismo artista en este caso diga que “odia a su público” “que no entiende porque quieren más discos” o “que no tiene nada en mente a la hora de hacer música”, la verdad es que nos tiene en la mira. Ningún movimiento es en falso: Syro es, efectivamente, música como siempre la ha hecho Aphex Twin si es que eso significa música que exija nuestra atención. Podemos hablar aquí de estilos, de beats por minuto, pero nuevamente sería distraernos. El compromiso no está en leer esta nota aburridamente larga. El compromiso está en escuchar Syro, música hecha contra el mal del multitasking; música hecha con un ejército de aparatos (enlistados todos en el arte del disco), música hecha de manera concienzuda, música hecha lejos de la fácil factura y creada sin la nostalgia que exudan el vaporwave y otros géneros actuales, que simplemente bajan el pitch a los hits de Sade, tristes por no haber vivido en los 80’s. Por eso digo que este es un disco necesario para que la generación del retweet se ponga al tiro.

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