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Buffalo Daughter: Amor, comida y naves espaciales

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Hace unos diez años comencé una búsqueda de música japonesa que me llevó a muchos lugares desconocidos. Algunos oscuros, otros sórdidos y algunos más tan divertidos como mirar gifs de gatos por horas.  Es extraño que un oasis musical como Japón no haya abierto sus tesoros musicales al mundo entero salvo contadas excepciones (Los nombres de siempre: YMO, Sakamoto y en la actualidad, los artistas de cajón del j-pop y del visual kei). Pero ahora vivimos en la era del internet. Tenemos acceso a todo y un grupo discreto pero revolucionario como Buffalo Daughter está apenas a unos clics de distancia.

¿Qué es lo que ha mantenido unidas a Yumiko Ohno, MOoG Yamamoto y Sugar Yoshinaga durate veinte años? Si me lo preguntan yo creo que se trata de la inspiración obtenida del krautrock, que siempre han tenido presente y que no se limitó al rip off de dicho movimiento musical que luego sería “redescubierto” por los músicos occidentales (con toneladas de oportunismo, muchas de las veces). La influencia del krautrock en este trio es más sincera porque se trata de actitud, de un punto de vista real de lo que dicha música significó en su momento: Tratar de comenzar desde cero, olvidar lo que conoces y hacer lo que quieras.

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 Y ellas han hecho durante todos estos años lo que han querido. comenzaron por impresionar al mundo indie de su país por la combinación entre samplers, moogs, riffs certeros y sentido del humor. En un giro extraño de la vida conocieron a las Luscious Jackson cuando estas dieron un par de conciertos en Tokyo. Fueron estas gringas quienes llevaron los demos de las Buffalo Daughter a oídos de los Beastie Boys. El resultado fue la edición de los tres primeros discos de la banda en el sello que en aquel entonces tenían los beasties, Grand Royal Records.

¿Qué sucedió luego de que este sello quedara más quebrado que un municipio gobernado por el PRI? Pues que las chicas dejaron de codearse con Air, Radiohead, Sonic Youth y Aphex Twin para volver al relativo anonimato de su país natal. Pero ello no les afectó en nada, siguieron comprometidas y sus sucesivos releases así lo demuestran. Su estilo ha seguido evolucionando en discos como Psychic o Euphorica: post rock bañando en chantilly, sytnhpop para animes de otro planeta, hip-hop para salas de realidad aumentada.

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Su nuevo disco es otro acierto. Me gusta cuando un artista prefiere sacar el álbum adecuado en el momento adecuado en lugar de muchos lanzamientos faltos de dirección o de madurez de ideas. Según ellas Konjac-tion (que viene de connection y de kon-nyaku, un pastel de tubérculo gelationoso tradicionalmente japonés) es un disco para amenizar un “bloc party”. Pero este disco no entra en el concepto de “fiesta” 2014: Nada de EDM, nada de dubstep, rnb o reggaetón electroso. Si bien ellas pueden ser alegres y cerebrales al mismo tiempo, es una delicia ver lo que fiesta significa para ellas: Una tardeada en el espacio exterior.

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Desde “Le Cheval Blanc” sabemos que la cosa será así: fantasiosa y llena de detalles increíbles. Se escucha algo que podría ser rock por las guitarras, pero que se magnifica con los sintes, los coros y los efectos que retuercen esas mismas guitarras para que suenen como flautas japonesas y la base que parece un hip-hop de la vieja escuela. ¿Es post-rock? ¿No es esto demasiado extraño para ser pop y demasiado pop para entrar en el reino del avant garde?. “Golden Leaves” lo confirma, al irse del robot rock al robot mathrock, es un viaje calculado y certero, lo mismo que “Calling Out From The World Of Echoes” aun con la finta de escucharse más dulce y tener ese violín y los sonidos de pájaros. Es tan cotorro como ese desmadre sonoro que se armaron en su momento para el OST del juego Katamary Damacy. Se decanta el disco a su lado más funky y accesible con el primer single “Oui Oui o “Love and Food”, donde invitan al dios psicodélico Shintaro Sakamoto para cantar un electrofunk con el mejor título del mundo mundial.

El resto del material va de lo mismo: Entre guasa disfrazada de seriedad y seriedad disfrazada con chistes (Como en la rápidísima The Legend), de la confusión del escucha, de la violación flagrante de etiquetas sonoras (¿Qué es eso de hacer un track disco que se llama “Bring Back 80’s”, acaso se burlan de la memoria colectiva?) de soltar cajas de ritmo, bases que parecen de hip-hop y guitarrazos que podrían terminar en un disco de shoegaze, pero que afortunadamente están aquí, conviviendo y girando en círculos con todos los elementos que estas tres mujeres usan para dar uno de los mejores discos de 2014. Al final todo puede resumirse en el último track, el jazzístico increscendo con sintes de “Don’t Stop The Music” cuando cantan “Tell me why i should stop playing this beat”. No por favor, que nunca paren. Abusados con el Bonus CD, con remixes a cargo de Cibo Matto, Yoshinori Sunahara y varios más

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