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Camila Moreno: Quemarme en lo que hago

Camila Moreno es una artista del escapismo: Siempre que creemos haberla asimilado, ella emprende una nueva aventura musical y las coordenadas cambian. Pero ese es el ingrediente que la ha mantenido impredecible, desde Almismotiempo hasta Mala Madre, un disco lanzado el año pasado y que se coló rápidamente entre nuestros favoritos de 2015 por su carácter inquietante y un tanto pagano. Esta mañana me dirigí a la base de operaciones de Discos Intolerancia para platicar con Camila acerca de su visita y de todo lo que libera Mala Madre cada vez que gira en el stereo o suena en nuestras computadoras.

Desde tu perspectiva ¿Cómo ha evolucionado el recibimiento de tu propuesta en nuestro país?

La verdad lo voy a poder saber hasta la presentación en el Imperial. El hecho de que haya un enclave de fans organizados aquí en México me sorprende mucho. Supongo que bien, pero yo tengo que hacer un trabajo muy arduo aquí en México, venirme una temporada larga. Casi siempre vengo por periodos cortos (una semana o dos) y a mi me gustaría venirme más tiempo porque es dificíl ver realmente lo que está pasando. Pero por redes sociales México es el país internacional a Chile que más interactúa.

¿Te gustaría venir a trabajar material nuevo aquí o incluso a grabarlo?

Sí, lo he pensado. Me gustaría venir  por un tiempo indefinido.

Ayer tuvimos en la ciudad de México una marcha histórica, la marcha de las mujeres en contra de una violencia sistemática. ¿Crees que “Mala Madre” transmite esta postura de subvertir el supuesto canon de comportamiento que debe guardar una mujer

Sí, hay un plano de lectura de Mala Madre que claramente tiene que ver con eso, que tiene que ver con el deber ser de la mujer en cuanto a sus roles en la sociedad y en cuanto a los cánones de belleza. Pero también hay un plano de Mala Madre que tiene que ver no sólo con la mujer, sino con lo femenino como energía no como género. Es decir, la búsqueda de la liberación de la energía en el ser humano: lo intuitivo versus lo racional, la liberación de la intuición, la liberación del instinto salvaje, de lo violento en cuanto a naturaleza agresiva…

Todo esto tiene que ver con un lado que se encarna en la mujer. Por ello creo que la sociedad ha sido muy aplacadora con la mujer, no creo que solamente sea porque sí.  Hay una intención que viene desde tiempos inmemorables, desde la inquisición, con esta necesidad de luchar en contra de esta fuerza que es incontrolable al final, que hace a los seres humanos libres y que tiene mucho del ritual, con encontrar simbolismos en  esta vida, donde nada hace demasiado sentido y todos estamos braceando por encontrar algo a lo que aferrarnos. Mala Madre tiene que ver con la energía femenina en general

¿Qué tanto hay de tu historia personal en el disco?

Hay mucho de eso. Una de las cosas que me llevó a reflexionar sobre esto fue una relación de pareja donde al final me di cuenta de que había un discurso como de ser feminista o de no ser machista pero al final él esperaba que yo lavara los platos (risas). De fondo existía un “deber ser” de la mujer. La mujer no debía hacer esto o el otro, la mujer no debía escupir, por ejemplo. Había mucha tensión en ese ámbito y eso fue una relación que duró mucho tiempo y la sufrí bastante. Mala Madre vino a componerse en el término de esa relación y en el fin de la misma. Entonces esa dinámica que se estableció me llevó a reflexionar “¿De dónde viene todo esto? ¿De dónde viene toda esta estupidez?”, que incluso también la tenemos las mujeres, como que no solamente es cosa de los hombres. Como que hay un acuerdo tácito de que las cosas son así nomás y hay una resignación ante esta realidad.

¿Qué opinas de lo que viene haciendo gente como Alex Anwandter, es decir de ser puntuales sobre todo en lo que corresponde a lo político? Esa aproximación se siente un poco a lo largo de “Mala Madre” pero sobre todo en “Libres y estúpidos” o en “Máquinas sin dios”.

Creo que en mi caso yo aprendí que el panfleto es muy dañino. Yo lo hice y me salí en ese momento. Agarrarse de una moda, de una manera de pensar como para ser popular lo encuentro peligroso para el arte. Esto de decir “¡Somos latinoamericanos!” o “¡Somos mujeres y damos teta en la calle!” y hacer de eso una publicidad lo encuentro complejo. Ahora, que la gente, que los artistas tengan una pronunciación en Chile o una opinión me parece necesario, mínimo. Y en general hay poco en Chile de artistas que tengan una opinión clara sobre las cosas. Creo que también se está volviendo a tener opinión, luego de una época donde no se podía hablar de nada.

¿Crees que esto sea importante en el ámbito del pop? En otras músicas como el punk estos discursos han sido más visibles

Me imagino que es más difícil en el pop. Yo considero que hago rock-pop, buscando experimentación en los sonidos: creo que eso tiene coherencia con el discurso. En el electro pop existe un poco eso de la publicidad en la moda por el sonido, dejarse llevar por una tendencia. Yo no veo mucho discurso hoy en día en las letras por sí mismas. Veo otras cosas que son positivas, como que hay desprejuicio, que hay imaginario, que hay fantasía, que hay una liberación, atreverse a ser lo que uno es nomás. Eso lo encuentro súper positivo. Pero si el pop mainstream empezara a tener discurso (un discurso real, no un discurso publicitario), no sé, creo que el mundo sería otro (risas)

Si hablamos en términos de disidencia dentro de la música siempre se habla de punk. Pero hoy en día parece ser una etiqueta con márgenes incluso más marcados que en el momento en que se acuñó el término. Sin embargo, yo creo que tanto en letras como en música Mala Madre tiene mucho de actitud punk. ¿Tú lo sientes de esta manera?

Sí, claro. Yo también he vivido mi aproximación hacia el punk como algo que tiene que ver más con la actitud de tener una guitarra distorsionada o un mohicano en el pelo, qué se yo. Pero yo soy de los que creen que uno debe ser primero anaquista de sí mismo en el sentido de no dejarse vencer. En el caso de la música hay mucho rollo con la intención de ser popular. En Mala Madre hay como mucha rebelación en contra de eso, desde la portada hasta las letras. Y la actitud punk tiene que ver mucho con la poesía. Yo siempre he escrito poesía, pero en Mala Madre me atreví a escribir la poesía que yo quería escribir y a la chingada si me entendían o no me entendían.

Creo que esa actitud punk tiene que ver con quemarse en lo que uno hace. tener una suerte de autoinmolación o de simplemente entregarse a un éxtasis, una catarsis, un trance, tanto en el escenario como en los discos. Esa es una búsqueda que siempre he tenido y que ahora es cada vez más clara, cada vez más consciente. Si uno no se quema en lo que está haciendo es una pérdida de tiempo.

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¿Cómo fue producir el disco?

Fue bueno. Requirió muchas peleas con los chicos que me ayudaron a co-producir. Hay cosas que también tienen que ver con el “deber ser” de la música, como por ejemplo “Oye, estos dos bajos están superpuestos. Hay dos bajos que se superponen, esta canción está mal” y yo digo “No, no está mal, suena bien”; “No, porque los bajos no se pueden superponer” “¿Porqué no?” ¿Cachai? Porque en la música no hay algo como realmente colapsado en un lugar de las frecuencias. Yo lo tomé como “A mi me suena bien y se siente rico en el cuerpo y me importa un carajo si los bajos están superpuestos o no”. Me empoderé mucho produciendo, me di cuenta que puedo hacerlo, que tengo arrojo, una gracia que también es un peligro, porque me atrevo a hacerlo descarnada. Aunque en ese peligro yo disfruto mucho igual.

¿Crees que los premios y los reconocimientos como los Grammy juegan un papel importante en la industria musical actualmente?

Yo creo que en la industria pop es bastante relevante, en al área de publicidad o promoción de lo que uno hace. Finalmente todavía vivimos en un mundo donde si la academia lo dice, es bueno. Ahora, en lo personal para mi fue muy importante ganar los premio POTQ en Chile, que son premios que vota la gente, no una academia ni nadie especializado, sino la gente que lo escucha. Fue increíble. Lo que hacen los premios, ya sean los que vota la gente o los que vota la crítica es que te da una especie de retroalimentación, una sensación de no estar remando hacia cualquier dirección. Eso está pasando conmigo en Chile con los Premios Pulsar que son los premios de la música. Para mí sirve en el sentido de decir “¡Vaya, parece que sí escucharon el disco!” (risas). Me da la sensación de que está pasando algo, a mi que soy pesimista y de repente pienso que no está pasando nada con nadie (risas).

¿Cómo van surgiendo las ideas para tus vídeos? ¿Cuáles son tus inquietudes a la hora de realizar uno?

Hace varios videos que yo estoy muy involucrada en la parte de la creación del guión y de la dirección, hasta que en este último video dirigí junto a mi padre. La verdad es que cada video para mí tiene que responder a dos cosas: una es que tiene que ser una obra audiovisual por sí misma, que no necesariamente esté diciendo lo que dice la canción. La segunda es que debe tener una coherencia propia, que suceda algo. Por ejemplo en el video de “Sin mí” hay un atropello que parece que está en una fiesta y después parece ser otro plano de la realidad.”En tu mamá te mató” está esta mujer que vive con los lobos a la intemperie termina teniendo este trance con la naturaleza y simplemente se hunde en la laguna. “En no dejar de cerrar” está la invasión de las malas madres al mundo. A mi me importan mucho los videoclips y yo he puesto mucho énfasis en ellos porque creo que es una manera de completar un cierto imaginario con ellos.

¿Qué has estado escuchando de música últimamente?

Estoy muy muy pegada últimamente con el disco de Sufjan Stevens que lo encuentro increíble y lloro cada vez que lo escucho. Lo último de Pj Harvey también que siempre está ahí como referente lo mismo que Björk. Entre lo último también está Daniela Spalla que yo encuentro que hace un pop tremendo, súper fino.

Tu material lo has editado en México con Intolerancia ¿Qué tan importante crees que sea tener el disco en formato físico?

El disco es como una tarjeta de presentación hoy en día. Para mí es importante el objeto. Confieso que yo también escucho pocos discos, pero el objeto me dice mucho de la dedicación que se le ha puesto o la importancia que puede tener el arte. Finalmente se convierte en un objeto de artes manuales, más que de música. Me importa mucho que los discos tengan las letras de las canciones, por ejemplo.

¿Y qué piensas del resurgimiento del vinil y la importancia que la industria le ha dado?

Creo que en general el ser humano siempre trabaja por oposición (risas). Uno en el computador lo escucha como la mierda, y por ello como que hay una necesidad de escuchar de nuevo. Y también el vinilo tiene una cosa objetual, es súper bonito. Aunque yo por ejemplo no tengo donde reproducirlos, tengo que conseguir un reproductor y ponerme en campaña para escuchar de nuevo.

Camila Moreno se presenta este martes 26 de Abril en el Imperial.

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