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¿Cuántas veces Tarantino se ha reciclado?

Este fin de semana en la Ciudad de México se estrena The Hateful Eight, octavo largometraje de Quentin Tarantino. La película –hay que decirlo– llega tarde, después de que en diciembre se filtró y a poco más de un mes de su estreno en Estados Unidos varias personas ya la han podido ver desde un portal de internet o en funciones especiales –como fue mi caso–. Los comentarios alrededor de ella van encaminados hacia un punto: Tarantino sigue haciendo lo mismo y es cierto; más adelante explicare por qué, pero las preguntas que me surgen después de una semana de haberla visto son: ¿Qué cine nos hereda Tarantino?, ¿es válido exigirle un cambio o evolución a su cine?, ¿algún día veremos algo mejor de lo que le hemos visto?

¿Qué cine nos hereda Tarantino? Es la primer pregunta que me hago con relación a The Hateful Eight y es el debate que siempre existe en torno a sus filmes. La figura de Quentin es importante y querida porque es un hombre que creo cine sólo con ver películas; ha seguido haciendo, recreando y mezclando partes de sus cintas favoritas, pero entre todas esas referencias e influencias, ¿dónde queda Tarantino? Creo que The Hateful Eight es su película si bien no más genuina, más autorreferencial. En ella podemos ver bastantes elementos que lo han caracterizado, como es el juego de identidades presente. Muchos comparan el filme con Reservoir Dogs y tienen razón al hacerlo, pero para no ir tan lejos aquel elemento lo vimos en escenas trascendentales de Inglourious Basterds y Django Unchained. Otras características son los personajes bien construidos -un par identicos a otros que le hemos conocido- y sus respectivos monólogos. Sin embargo, th8 adolece por sólo contar con tres gags memorables: el primero, la carta de Lincoln –gag central–, el segundo, la idea de justicia del verdugo, y el tercero, la venganza como móvil. Por último, la película también tiene elementos que, a gusto de cada quien, agrandan o flaquean las cintas de Tarantino: su retrato de la violencia y el inevitable desenlace en una carnicería.

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Como apunta Díaz de la Vega en su crítica, las últimas cintas de Tarantino usan la historia como mero pretexto para desembocar en violencia y “representar nuestras más violentas fantasías y las de sus respectivas épocas”. Yo no reclamo este uso por no dar un comentario sobre la sociedad, más bien reclamo como un elemento que siempre hace tropezar las historias de Tarantino en un desenlace donde quien nos acomodó el tablero para el juego llega al final sólo para aventar las fichas a un lado haciéndonos creer que nunca tuvo otra intención más que esa. No exijo un final feliz –que curiosamente casi siempre lo hay–, sino uno mejor construido. Este elemento es el que sin duda tira abajo la increíble puesta en escena que puso en Inglourious Basterds –para mí su película más genuina– y que en The Hateful Eight se nos anuncia desde un inicio.

¿Es válido exigirle un cambio o evolución a sus largometrajes? No, desde un inicio Tarantino se ha aferrado a sus métodos e influencias, por lo que exigirle a estas alturas que cambie algo simplemente es un capricho nuestro. Él tiene todo el derecho de encerrarse dentro del cine que le gusta hacer y a partir de ahí entregar lo que crea más conveniente. Lo incorrecto es la costumbre de recibir cada cinta como una nueva obra maestra o justificar cada exageración del estilo sólo por ser él. A Tarantino se le ha construido una imagen de un cineasta audaz y alejado de los estereotipos de Hollywood, logrando que muchas veces sus cintas ­­–a mi parecer­– se clasifiquen mal; sus filmes son parte responsable de la creación del cine nerd, en donde podemos encontrar a Michael Bay, James Cameron o Snyder, directores obsesionados con revolucionar la industria cinematográfica con base en la tecnología. Tarantino, aunque dentro de este grupo se encuentra del otro lado, es un nerd del cine, de su historia, obsesionado con revivir géneros y películas que hoy día ya no se producen; no por nada las decisiones de filmar th8 en 70mm y de contar con Ennio Morricone como el encargado de su banda sonora. Pero al momento de llevar las ideas a la pantalla él se aleja de sus maestros e influencias; nos entrega un cine pop, nerd y dispuesto ante todo a contar una historia para entretener. Aunque la filmografía de Tarantino cuente con películas largas, éstas no cansan; pueden ser los diálogos bien construidos, la edición ­­–aunque no lo parezca­­– frenética, etcétera. ¿Cuántos cortes tiene Kill Bill?, ¿cuántas explosiones sádicas y fantásticas? Es en ese cine nerd en donde hay que acomodar a Tarantino, es ahí en donde encontramos el cine que nos hereda y los cineastas a los que influye, algunos terribles como Carl Rinsch o destacados como Matthew Vaughn, Guy Ritchie, Gareth Evans, Bekmambetov, y el más notable y con quien comparte indirectamente un dialogo: Takashi Miike.

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Para concluir, queda claro que The Hateful Eight es un entrega menor en el cine de Tarantino por el hecho de que las sorpresas son pocas al igual que las risas, que si la película se mantiene es por el buen guion más no por su desarrollo, concuerdo con los muchos que afirman que esta cinta parece haberla dirigido en modo automático pero ese es otro tema; es ocioso ubicarla en un peldaño con relación a sus otras 7 cintas, pero si me preguntaran yo lo pondría únicamente arriba de Death Proof, la última pregunta es ¿algún día veremos algo mejor de lo que le hemos visto? el mismo ha dicho que le quedan dos cintas, no sabemos qué temas buscara explorar, si seguirá por llevar nuevamente de principio a fin un western, una cinta de terror o la esperada Kill Bill 3, lo cierto es que todo se apunta a que Tarantino como no le interesa evolucionar en su cine tampoco le interesa superarse, únicamente explorar otras facetas, así que lo mejor es esperar ver lo poco o mucho que quiera enseñar y aceptar que Tarantino jamás será igualado o superado ni siquiera por el mismo.

Gracias a Diamond Films o quien tuvo la amabilidad de invitarnos, cabe aclarar que yo no vi la versión “roadshow” que es en 70mm y que al parecer incluye un intermedio, del cual desconozco su contenido pero al parecer no es algo crucial dentro de la película.

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Carlos Carlos

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