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De regreso al Corona (5 años de cambio)

Cuando me fui de México, salí con mi boleto del Corona Capital comprado y la ilusión de ver a Portishead, OMD, The Strokes, Javiera Mena, y Mogwai. Hubiera conocido un par de bandas que resultaron relevantes a mi vida posteriormente. No pude regresar ese fin de semana, pero gracias a mi reciente regreso a mi ciudad pude asistir a Corona Capital 2015, las cosas han cambiado definitivamente, esto es lo que noté, comparado con el pasado y con otros lugares. Alguien decidió excluir a los grupos nacionales, lo que me pareció una equivocación, aún cuando la razón primordial sea distinguirlo del Vive.

Como se trata de un festival, no de un concierto el lugar es primordial. El local tiene el suficiente espacio pero el acomodo podría ser mejor, en particular respecto a las pantallas y los árboles, supongo que como piensan que es en otoño ya se habrán caído todas las ramas de los árboles. Me parecíó un acierto el lugar de los puestos de comida entre el escenario corona light y el doritos, donde podías comer sin perderte la música, menos afortunada era el área de gourmet. Había suficientes actividades extra para pasar el rato o divertirse como  la rueda de la fortuna de Vans, tirolesa, videojuegos -años sin jugar en un pinball-, venta de mercancía, cabinas de fotos, lugares para ponerle un parche a tu ropa.

La comida resultó variada, me hizo aceptar que más que a la escena musical, los burritos han invadido al DF, ya quedó atraás el tiempo en el que tenías que ir la Estado de México a comer alguno y no es que tuviera ganas o algunas vez haya ido; Bimbo invirtíó mucha lana para tener un expendio de jochos y hamburguesas semi vacío, el puesto Godínez merece una mención especial, me sacó una sonrisa. Entiendo que muchas veces la logística es muy importante pero me gustaría que los organizadores se arriesgaran y vendieran también cerveza victoria, eso sí sería alternativo. Ya hay más estacionamientos, pero los últimos espectáculos acaban cuando ya no hay metro para regresar, supongo que fue un acuerdo entre caballeros, por no decir una confabulación para sacar más dinero de los asistentes. Los taxis al salir cobraban un ojo de la cara, y la yema del otro.

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La moda también sufrió una transformación, las gorras como único medio de protección del sol pasaron a la historia, ahora había muchos sombreros, negros generalmente dee ala ancha pero no lo llevaban tan de medio lado, el poncho es otra de las prendas que ha venido resurgiendo bastante adecuada para los días de viento, las mujeres hicieron uso de shorts y faldas cortas, algunas veces acompañadas de medias opacas algunas con diseños interesantes otras lisas, esto me recordó un poco el clima londinense, muchísimos llevaban playeras alusivas a algún grupo, otros flores en el cabello, pero el accesorio más común era un conjunto de vasos apilados. El sábado no faltaron los que llevaban una playera de Barcelona luego del resultado del clásico español.

Parecería que lo importante eran las actividades extra, entre visitar los diversos stands, tomarse fotos, el ligue, la bebida, echar desmadre, algunos momentos románticos y otros de baile, durante la tarde parecía una fiesta en la que nadie presta atención a la música, apenas al caer el sol los escenarios se nutrían de impacientes, fanáticos y ebrios. Yo supondría que la gran mayoría quería asegurar asistir a los que cerraban cada día.

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No podría decir que los asistentes conformaran un conjunto uniforme, son apenas microgrupos que representan a un sector —sí es una visión parcial— de la sociedad, lo que creo es que los grupos incluídos en el festival no determinan el perfil de los asistentes, lo que dice que quizá no sea un lugar ideal para buscar pesonas con afinidad musical

Yo creo que seguiré asisitiendo a los festivales en busca de momentos, experiencias, que dependen más de la perspectiva personal que de la organización.

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