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Donde Los Personajes Extraños Están (Parte I)

Para ser sinceros, Pictoplasma es una de las razones por las cuales vine a vivir a Alemania. Recuerdo muy vividamente la primera vez que estuve en contacto con el fascinante y extraño mundo del Character design, hace ya algunos ayeres cuando el mítico MUCA Roma albergó una exposición titulada El Arca de Neón. Mi hermano y yo llegamos ahí sólo por suerte, en otro de aquellos aciagos sábados en los que simplemente no teníamos nada que hacer, pero que a la vez eran los mejores porque podíamos explorar a voluntad los rincones más secretos del centro y emprender una breve odisea desde el Zócalo hasta Insurgentes tomando Reforma.

Los dos pequeños pisos del MUCA contenían obras misceláneas de autores que ya no recuerdo, pero que a su vez no importa, pues lo que quedó grabado en mi mente (ese rincón oscuro que alberga a sus propios monstruos), fue el desfile ecléctico de un centenar de pequeñas y grandes criaturas en las paredes, pisos y techos del recinto. “Sueños de la razón”, diría Goya. Sueños que gemían y chillaban y reptaban y volaban y se movían y se morían reclamando los espacios que por derecho son suyos.

Desde hace más de diez años, la tarea fundamental de Pictoplasma es rescatar a esos monstruos, devolverles sus derechos, derechos inalienables que ellos tienen desde el momento en el que nacen de la punta de una pluma o la punta de un cursor. Así, al desatarlos de su prisión comercial, educativa o de mero entretenimiento, al separarlos de
estos contextos acartonados, los acercan más a nosotros, a los simples humanos que les dimos vida.

Aquel lejano sábado del 2007 lo qué más me fascinó fue una breve proyección de vídeos titulada Characters in motion. En ella, una serie de artistas y colectivos se dedicaban a demostrarte que el mundo de la animación bi-, tri-, y tetradimensional está más allá de Ratatoille, Arale y el Chavo animado. En sólo unos segundos te introducían a mundos fascinantes de todos los colores donde las criaturas más extravagantes se enfrentaban al mero drama de estar vivos. En especial, todavía megusta ver de vez en cuando los cortos de 1st Av. Machine , Studio soi , Chris Sheperd, Julien Genoulaz, y Damián Ferré.


Este primer encuentro, sin embargo, no fue suficiente, me quedé con las ganas, con la necesidad imperiosa de descubrir más sobre esos monstruos de la cultura pop. La culminación de mi búsqueda ocurrió hace una semana, a más de cuatro años y diez mil kilómetros después de mi primer encuentro con Pictoplasma, luego de ocho horas viaje en el coche de un desconocido desde la pequeña Freiburg (en el sureste de Alemania) hasta Berlin.

El festival tiene dos facetas, una para el público y otra para los profesionales. Si eras profesional, podías pagar 250 Euros para acudir a los talleres y pláticas en donde algunos de los mayores exponentes del género, cómo David Kamp, Gary Bareman, Julia Pott, y otros, te hablan de esos pequeños secretos que los hicieron grandes.

En cambio, si pertenecías a esa extraña entidad amorfa llamada “público en general”, la opción era emprender una travesía a través de los rincones más secretos de Berlín en la Character Walk. Lo cierto es que durante las seis horas que me tomó el recorrido me sentí un poco como en aquellos días aciagos de de ambulanzas por la Roma.

Un pequeño mapa te guiaba a través de las galerías y los espacios públicos y privados donde se desarrollaba el festival. Fue especialmente divertido tener que abrir los ojos todo el tiempo en busca de las banderitas rosas que se anunciaban como tierras invadidas por los monstruos más excéntricos. La mayoría de los espacios fueron pequeños, secretos, y heterogéneos, desde galerías en avenidas con nombres que te sangra la lengua al pronunciar como Alte Schönhauser Strasse, hasta edificios abandonados en antiguos ghettos. Pueden consultar la lista de exhibiciones aquí .

Mi favorito fue el trabajo de Billy & Low Bros: Where the weird things are, quienes transformaron una antigua estación de gas en una selva ecléctica poblada por osos, lobos y zorros piramidales. Otra alegre sorpresa fue el trabajo de la colectiva Bee Kingdom, quienes hicieron demostraciones en vivo de ese parto flamígero que es la escultura con vidrio, ¡ver salir a una abejita azul de un enorme vientre incandescente es toda una experiencia!

 

Vean también los ensayos visuales de Dan Arnold sobre los baños públicos, el sumo y el píxel.  Tampoco se pueden perder el trabajo de Sauerkids Decompression-Blues, Ben Newman, Gemma Correl, Andy Kehoe, Hellín Lee, y Alex Godwing. Y como única representante mexicana, la Sinaloense Melissa Godoy armó una muy interesante instalación con hilos multicolores que evocaban a los antiguos dioses mexicas. (sí, tenía que ser mexicana, el papa estaría
orgulloso…)

Otro aspecto positivo fue la interacción directa con la mayoría de los artistas, algunos  de los cuales se encontraban custodiando sus obras en algún rincón oscuro examinando la reacción de los espectadores, mientras que otros se la pasaban en la calle fumando, bebiendo y hasta cantando. Los más activos se ponían a hablar con los no pocos artistas
amateurs que se les acercaban con una libretita para anotar sus teléfonos o simplemente obtener una firma. Mención especial por el destile de buena vibra la merece Dudes Factory, una tienda de artículos de colección, skateboards y calendarios con diseños originales de McBess, Studio Killers y otros, en donde los mismos artistas se dedicaban a envolver tu producto con cariño y regalarte una sonrisa al final de la transacción.

El final del recorrido fue en una pequeña galería con trabajos de Julia Pott, quien ha ido ganando notoriedad en el campo por su manera tan exquisita de plasmar la vulnerabilidad y melancolía de las interaciones humanas. En verdad vale la pena darse una vuelta por su página y regalarle unos minutos a sus cortos.

Lean la segunda parte de la aventura de Gustavo en pictoplasma aquí, donde relata y nos muestra, los trabajos audiovisuales que mas le fascinaron.

 

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