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Instagram y la búsqueda de lo auténtico

Escuchando a: Nine Inch Nails – The Fragile

Tener más seguidores, más likes. Es fácil pensar que todo puede reducirse a eso. Hasta hace unas semanas, pocos de nosotros conocíamos el nombre de Essena O’Neil, una modelo australiana de 18 años que acumulaba ya 883 mil seguidores en su cuenta de Instagram. Fue cuando Essena decidió eliminar miles de contenidos y publicar un video en donde “exhibía la farsa de las redes sociales” que el mundo entero volteó a mirarla. Hasta el momento, su cuenta de YouTube y de Instagram permanecen activas, pero Ossana cambió la descripción de todo su contenido; cada foto, cada video, estaba enlazado a su nuevo sitio donde la modelo intenta transmitir lo que piensa sobre el social media. Allí, Essena expone el estrés, la ansiedad y el vacío que experimentaba al buscar con desesperación ser aceptada por (nos)otros: tener más seguidores, más likes.

En un artículo, escrito el 30 de enero del año pasado, JJ Charlesworth teoriza sobre las nuevas tendencias del arte contemporáneo. Los nuevos tiempos exaltan ahora la producción de piezas que enaltecen el egotismo y el narcisismo del artista, ahora matizado con la “búsqueda de sí mismo” a través de las experiencias directas. En una época donde el tiempo parece escurrirse entre nuestros dedos, sin remedio, el arte debe experimentarse de forma “vívida y conciente”, en el “aquí y el ahora”. Así, la intervención artística y el performance encuentran un campo fértil para la excentricidad: aparecer desnudo y clavarse el escroto en la Plaza Roja de Rusia, plantarse afuera de un museo y sacar huevos rellenos con pintura de la vagina, removerse los genitales para ofrecerlos como banquete por 32 mil dólares. El concepto de obra de arte como un momento irrepetible ha generado un debate intenso sobre lo qué es el arte y lo que significa en el contexto actual. ¿Qué es una experiencia auténtica? ¿Cómo la identificamos?

Las mismas preguntas que surgen al observar las fotos de Essena O’Neil y de otros miles de usuarios que, entre cientos de pruebas y errores, capturan la imagen perfecta, aquella que representa lo que es vivir de X forma: intensamente, orgánicamente, humanamente, ecológicamente: auténticamente. Las investigaciones acerca de la producción de autofotos suelen analizar la forma en que los usuarios deciden representarse a sí mismos a través de las cámaras de sus smartphones. Los rasgos que se estudian van desde el uso del cuerpo, hasta el juego de miradas que se pone en práctica; esto nos ha ayudado a observar un proceso singular: experimentar con nuestra imagen personal, la que transmitimos a los otros una vez que entra al vasto flujo de internet, nos permite bordear el problema de definir quiénes somos.

El caso de Essena revela una ruta menos transitada: tomar estas exploraciones personales, likes y seguidores mediante, para capitalizarlas. Cuando cada foto publicada es evaluada por otros usuarios de acuerdo, entre otras cosas, al cuerpo, la ropa y a la “autenticidad” del momento capturado, las redes sociales se convierten en una muy útil herramienta para que la industria de la moda se acerque —con sigilo— a un mercado desprevenido que hace públicos sus hábitos, costumbres y preferencias. La búsqueda de la auténtico aun es posible, pero al volverla pública se nulifica ante la posibilidad de la simulación.

No hay nada zen en tratar de parecer zen, tomar una foto de ti misma tratando de ser zen y probando tu zen en Instagram”, escribió Essena en una foto donde aparece frente a la playa, meditando sobre un tapete de yoga. Lo curioso es que, para escapar de la “falsedad” de las redes sociales, Essena utilizó… las mismas redes sociales. La ironía: hacer pública la búsqueda de una experiencia auténtica desde un video en youtube que no tardó en convertirse en contenido viral. Ahora la industria puede contabilizar la cantidad de personas interesadas en abandonar Instagram, Facebook, Twitter y pensar en un producto a la medida para ese mercado.

Baudrillard define a la personalización como un proceso propio de las sociedades de consumo, mediante el cual se uniforma a los individuos a través de la invención de categorías, categorías donde en teoría toda persona debería caber. No importa lo que hagas, cualquier intento por escapar de estas categorías —develar las trampas de la industria con el fin de encontrarse a uno mismo, por ejemplo— tiende a normalizarse. Es probable que en días venideros seamos testigos de una gran cantidad de confesiones, discusiones, debates y argumentos sobre lo que significa estar o no en cualquier servicio de red social y que veamos formarse nuevas comunidades que se colocarán dentro de este nicho. Pero la pregunta sigue en pie: más allá de las clasificaciones, ¿quiénes somos?

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iván fl

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Puebla, Mexico. Recién terminé la tesis, interesado en la cultura digital, uso de la tecnologia, la etnografia digital. Mi novia esta cansada de que me siga clavando con Jim O'rourke, Sonic Youth y los Wipers.

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