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Festival Nrmal (SEGUNDA PARTE)

Nos acercamos al escenario Redbull y me encontré a varios cuates del internet, el motivo: FUETE BILLETE.

Con un sampleo del Chavo del 8 y muchos gritos por parte de la audiencia, salieron unos duts con una pinta muy ruda y bastante actitud. Las mujeres se volvían locas como si estuvieran viendo a Sir Timberlake y todas las manos estaban en el aire. Del otro lado del parque, Pional se disponía a realizar su set hasta que el clima le tiró una mala jugada, por lo tanto todo el mundo fue a refugiarse a la carpa donde sucedía el flow. Llovían billetes de juguete y varios blunts llegaban al escenario al compás de mucha buena vibra. Fuete Billete dejó a todos impactados y contentos, listos para lo que seguía.

Fui por otro mezcal-sprite sin importarme la lluvia, todo se sentía excelente, la gente se veía contenta y la carpa se iba oscureciendo. Subieron tres sombras llamadas La Minitk del Miedo y con su cumbia gótica sacaron el chavo rojo que todos llevamos dentro, alzando el puño y gritando: “Bailar es resistir”. A partir de ese momento la lluvia era el acompañante interminable y percusivo del festival, todo el mundo había perdido la razón. Pareciera que la Minitk, Kelela y Matías Aguayo compartieran una misma emoción de ritmo y convivencia. No ví a Dënver por ver a Matías y no tocó el Sucu Tucu, pero a estas alturas comprendía que la vida no puede ser perfecta. Toda esa fiesta funcionaba para alivianar cierto malestar emocional que me invadía crónicamente.

Había algunas caras tristes ya que Extraperlo había parado su set por culpa del agua, aunque esa imagen del vocalista cantando con una sombrilla fue como sacada de una película francesa. La tristeza duraría poco, ya que el niño genio, el prodigio mexicano, el punk más punk: SIETE CATORCE había llegado a la casa. Director de orquesta de cuerpos adormecidos, todas las luces se sincronizaban con nuestros ojos mientras nos hundíamos en el lodo. Llego Tony a presentarme con Erik Rincón y a obligarnos a tomarnos una foto, estoy seguro que Erik no me recuerda. Los Macuanos se subieron al escenario con Tony y la gente se derritió en gritos, solo faltaba Santos para ver a el Ruidosón en un solo escenario, brincando e inspirando a futuras generaciones de productores.

El set de Siete Catorce se fusionó delicadamente con el de DJ Rashad / DJ Spinn y todo eran estribos, footwork sobre el lodo de una juventud desenfrenada, una juventud que sin darse cuenta había sido arrastrada hasta un after fantasmal, donde Pional tuvo la oportunidad de desquitarse y conducirnos a un extraño vórtice de perdición.

Nuestro sábado (que ya era domingo) tendría un excelente desenlace en “Tacos El Gordo” con un Homero Simpson abrazando el logotipo. Unos tacos de pastor (de trompo les dicen allá) que te manchan los dedos como si fueran cheetos. En el taxi de regreso, el conductor parecía andar en coca, escuchando versiones ravers de canciones de los Black Eyed Peas a máximo volumen. Al llegar a la cama, mi emoción seguía, no podía dormir, puse el “Is this it” y me dí cuenta de lo importante que son The Strokes en mi vida.

Para el domingo solo podía moverme por inercia, solo basta decir que Tops es una gran banda y probablemente lo que más me gustó del festival.

Gracias Alonso, Moni, Monterrey y Nrmal, nos vemos el próximo año (espero)

 

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