What´s Up

Gota a gota

El reto de la renovación dentro del pop es cada vez más alto. Entre los miembros de la propia escena de Chile hay varios ejes de exploración. Del worldmusic campechano que se despacha Gepe en su Estilo Libre al synth portentoso de Fakuta, las vías de exploración son muchas. Y ante todo este panorama de cambios, Dënver sube la apuesta de su música con un giro que de principio pareciera radical, pero que más tarde muestra una congruencia total.

Dënver ha dejado el paisaje suburbano y los espacios abiertos para confinarse en la oscuridad de los espacios cerrados, llenos de confrontación personal. Si antes su indie pop era metadibundo y contemplativo, ahora se entregan al drama, a la melancolía y al baile de los antros a media luz.

Sangre Cita es, como su nombre lo indica, el disco vampírico de Dënver. Y bajo esa connotación, es también el más sexual. Sin duda entre esos momentos a veces naive, a veces tristes de sus discos anteriores se colaba siempre el sexo como un espejo del autodescubrimiento individual (de mano del amor). Pero ahora, bajo esas noches de sangre y estrobos, el sexo es protagonista de un ansia dificil  de satisfacer.

La fuente de dicha ansiedad es el fracaso. Estamos ante canciones pobladas de almas marcadas por la derrota, pero que de alguna manera siguen en pie para buscar un consuelo (“En el fondo del barro” “Mi derrota” “Yo para ti no soy nadie”). Falso y todo, el consuelo es ese combustible que les permite sudar noche a noche en cada tugurio entre las mareas de gente (que en realidad está también sola) y la música a todo volumen. Pero como con el vampiro que bebe la sangre para sobrevivir cuando no hay luz, el consuelo es temporal y exige cada vez más. Y ahí está el primer sencillo “Los vampiros” para demostrarlo.

El espectro sonoro ha salido del los ritmos a veces suaves del indie-pop e incluso de las superproducciones del pop hispanoparlante de los 70’s para reflejar al club nocturno no solamente de la manera más evidente a través de esos sintetizadores que parecen hacer réplica a Fangoria de repente o a The Sacados después. También se trata de reflejar ese contraste entre el hermetismo de quienes los frecuentan y el frenetismo de todo lo que sucede dentro de esos espacios.

Como ese tren descarrilado del que hablan en el dueto con Pedro Piedra que da nombre al disco, la música de Dënver no es precisamente desesperanzada. Desesperada quizá sea la palabra para hablar de esta Sangre Cita, de ese momento del conflicto personal (y eso sí es sello de las canciones del dueto), de esa cita casi a oscuras entre el sexo, lo apoteósico y la inevitable cruda (moral) del bailar y el llorar.

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