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Sobre Internet y el Estado Islámico: Producir y distribuir horror americanizado.

Ilustración por Omstart

Escuchando a: Hella – The Devil Isn’t Red

Producir

Parece un asunto común, inofensivo. Usamos Whatsapp para organizar una salida con los amigos, compartimos memes en nuestro perfil de Facebook sin ningún empacho, subimos fotos a Instagram para que sean vistas por todos nuestros seguidores. No sólo eso, además buscamos que esos contenidos sean atractivos a la mirada de los otros; para ello aumentamos la luz, el contraste, enfocamos algún elemento de la imagen. Podría decirse que hay una búsqueda estética en ello, un deseo por generar mayor impacto. Editamos y producimos —modificamos— los registros de nuestra vida diaria.

Parece un asunto común, inofensivo.

A raíz de los atentados ocurridos en París hace unas semanas, me tomé un tiempo para observar las producciones audiovisuales de Al Hayat Media Center, el aparato propagandístico del Estado Islámico, donde el rapero alemán “Deso Dogg” era uno de los principales gestores. Al igual que nosotros, quienes producen los videos de ISIS también buscan un impacto. Aunque sería riesgoso decir que sus producciones responden a una búsqueda estética, lo cierto es que el uso de filtros, cámaras de alta velocidad, además de las cámaras personales tipo GoPro, las cortinillas de entrada y salida, la música que ambienta cada escena y la búsqueda de un encuadre particular para capturar todos los detalles de sus decapitaciones y torturas me recuerdan no sólo nuestra obsesión por producir-editar-modificar la realidad; en su afán por grabar la violencia desde todos los ángulos posibles, por capturar hasta el más nimio detalle de la violencia y el horror, los videos de ISIS son bastante parecidos a muchas películas de acción estadounidenses.

Al Estado Islámico y a su Al Hayat Media Center, parece no bastarle grabar cualquier tipo de carnicería y distribuirla por Internet. Se requiere grabar la masacre en alta definición y con audio de alta fidelidad, un asunto que poco parece importarles a los cárteles mexicanos, por ejemplo, quienes pese a sus enormes recursos económicos suelen distribuir videofilms risibles y acartonados. El Estado Islámico, en cambio, sabe cómo provocar miedo en la mentalidad occidental: se ha apropiado de su discurso visual y de la tecnología para subvertirla.

Distribuir

Durante años hemos luchado contra el espionaje en línea; hemos defendido nuestra privacidad y nuestros datos personales con furia. Hay quienes recurren a redes sociales encriptadas, servicios de correo o de mensajería que les permiten pasar inadvertidos ante el ojo público. Telegram es uno de los servicios de mensajería más populares, después de Whatsapp, justo por esta cualidad: permite encriptar las conversaciones. El pasado 12 de noviembre, según diversos medios de comunicación, los terroristas lograron coordinarse gracias al uso de Telegram; también fue usado para reivindicar el ataque contra el avión ruso en Sinaí, que resultó en 224 víctimas.

He ahí una perfecta excusa para justificar el espionaje masivo: todo lo que defendemos, puede ser usado en nuestra contra.

Algo similar ocurre con los videos del Estado Islámico: rastrear su origen es imposible la mayoría de las veces. Se trata de una red de usuarios en extremo precavidos que no usan ningún sitio en específico para distribuirlos. Están bien enterados de la utilidad de los foros en la deepweb, cambian constantemente sus direcciones IP, aprovechan los servidores en desuso o mal protegidos; en resumen, saben cómo no dejar huella alguna.

Pese a esto, los contenidos se distribuyen con éxito y llegan a una gran cantidad de usuarios de todo el mundo. No hay followers ni forma de “medir” su “popularidad” pero, considerando que Twitter suele ser la red social preferida por el Estado Islámico para distribuir sus mensajes, a estas alturas debería existir un estudio de big data relacionado con ello; pero no se ha hecho público.

Occidente ha encontrado un tope. El aparato de inteligencia de ISIS ha demostrado que conoce demasiado bien a su enemigo: ésa es su verdadera afrenta. Los motivos de atacar París no parecen sólo políticos, sino simbólicos. Con la Revolución Francesa se fundó la modernidad pero también el horror como instrumento de difusión ideológica —recordemos las decapitaciones jacobinas durante la revolución francesa, tan parecidas a las decapitaciones mediáticas de ISIS—. Aún más, los ataques tuvieron por blanco dos símbolos profanos de la cultura occidental: un concierto de rock y un partido de futbol.

Internet ha sido, desde su popularización, un estandarte de la democracia. Un medio de comunicación pretendidamente horizontal, a partir del cual tuvo que reorganizarse el mundo entero. Sin embargo, esa misma apertura permite que se compartan contenidos que se oponen por completo a ella y a todos los valores democráticos que Occidente ve en Internet.

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iván fl

iván fl

Puebla, Mexico. Recién terminé la tesis, interesado en la cultura digital, uso de la tecnologia, la etnografia digital. Mi novia esta cansada de que me siga clavando con Jim O'rourke, Sonic Youth y los Wipers.

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