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Lollapalooza São Paulo 2015 el aftermath.

El festival que fue importado por Brasil en el 2012, otrora un símbolo de música alternativa, cambió de sede hace un par de años del Jockey Club al Autódromo de Interlagos, donde se pudieron acomodar los escenarios para que la interferencia acústica fuera menor.

El acceso y la salida resultó muy difícil por errores garrafales de logística. La salida fue un calvario de más de una hora, la cerveza se acabó en varios puestos hacia el final del domingo; los baños estaban más decentes que lo que esperaba, y la moneda tipo kermesse me sigue pareciendo risible. Todo lo demás es más o menos estándar, la mercancía los promotores, etc.

Las divisiones de los escenarios fueron como era de esperarse, algo selectivo al tener a Skrillrex separado de Jack White y Robert Plant; y el domingo a Steven Aoki , Smashing Pumpkins y Pharrell Williams en sendos escenarios.

Pero quisiera ahondar en el público, en el alma de los brasileños se encuentra la fiesta, y la música, a lo largo de la fila enorme de entrada se juntaron muchos a tocar improvisadamente, cosas variadas como Nirvana o samba. Las opiniones estaban divididas; Quizá lo más gustado del sábado haya sido la música de Led Zeppelin, tocada por Plant pero se escucharon muchas quejas de que el line up ya cayó mucho —en relación al rock— que eran mejor los tiempos del Jockey Club —apenas hace 3 años— si bien repitieron Foster the People, Calvin Harris y Skrillex,  se extrañaron a los Foo Fighters, Jane’s Adiction, Arctic Monkeys.

Molotov recibió una buena respuesta del público, lo mismo que Kasabian, Interpol y The Kooks. Creo que el line up intermedio dio buenos resultados. Me parece esa parte con menos compromiso del festival parece ser la que más resultados da.

Pero los que fueron a divertirse bailando, se acumularon al show de Calvin Harris, que fue el más nutrido y que le brindó a toda la “galera” un show que estaban acostumbrados a bailar y corear —frases cortas porque el inglés no está tan difundido—  durante las interminables noches de fiesta paulistana —y carioca también— todos se emocionaron, brincaron y una voz surgió de mi lado diciendo: “Oye ¿no se te hace que todas las canciones se parecen?” Y luego siguió brincando.

Al terminar el público salió dividido a bailar casi de la misma manera con Steve Aoki o Pharrell Williams para tener un cierre de fiesta festivo (valga la renundancia), salir alegres y bailoteando, con un ánimo suficiente para olvidarse de las preocupaciones —una función muy carnavalesca por cierto— y que siga la fiesta.

La presencia de los Smashing Pumkins con el Corgan mencionando a su gato sirvió no solamente para avivar la nostalgia sino para mostrar el cambio una visión doble al pasado y el futuro, ponernos la máscara de Janus para mirar en ambas direcciones.

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