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Los rostros ocultos del 68

La fotografía como medio de información gráfica para registrar los hechos ocurridos en el movimiento estudiantil de 1968, ha sido un referente de gran importancia para mostrar la magnitud e impacto que tuvo aquella rebelión social a la resistencia de los actos de injusticia y represión en contra de los estudiantes por parte del gobierno mexicano. A pesar de esto, fueron pocos los fotógrafos que lograron conservar sus archivos y mantener la autoría en éstos. Para Verónica Díaz Favela en su reportaje Fotógrafos anónimos de 68 los tres archivos más importantes y con autoría hasta el momento son: el de los Hermanos Mayo, el de Héctor García y el de Manuel Gutiérrez Paredes “Mariachito”.

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Los encargados de la Fototeca del Archivo General de la Nación, Luis Alberto Aguilar y Andrés Marín, narran que la reserva fotográfica de los hermanos Mayo está constituida por alrededor de cinco millones de negativos, vendidos a la institución en el año de 1994 por $11,300,000; los hermanos eran parte del grupo de exiliados españoles que llegaron a México, abrieron su agencia Foto-Mayo y se encargaron de documentar infinidad de temas fotográficos, por esto la basta cantidad de negativos producido por ellos. El 2 de Octubre 1968 se ocuparon de registrar lo que se vivió en la Plaza de las Tres Culturas. Este material no fue publicado por completo y se asume que, posiblemente, los hermanos no lo hicieron como consecuencia de la represión y vigilancia del gobierno con respecto al material gráfico que existía de aquel día. Los hermanos tomaron la decisión de esconderlo por tiempo indefinido antes de arriesgarse y exponerse frente a la autoridad.

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En el texto El movimiento estudiantil de 1968 narrado en imágenes, Alberto del Castillo Troncoso refiere: “La revista Tiempo estaba dirigida por el laureado escritor Martín Luis Guzmán, quien desde tiempo atrás había sido cooptado por el Estado y resultó uno de los enemigos más acérrimos del movimiento, con el encargo oficial de satanizar a los estudiantes y de alimentar la teoría de la conjura antigubernamental a lo largo de aquellos tres meses. La paradoja consiste en que el director de esta revista contrataba los servicios de los hermanos Mayo, el colectivo de fotógrafos republicanos que hizo leyenda en la historia del fotoperiodismo nacional, quienes tenían un bagaje de izquierda que se diluyó a través de los feroces pies de foto anticomunistas que les endilgó el director de Tiempo”, por esta razón a pesar de las que las intenciones de los hermanos eran otras, en ese entonces su labor social como fotógrafos se vio afectada por intereses de otros.

hector garcía

En el libro homónimo de fotografías de Héctor García, aparece la serie que tomo aquella noche del 2 de octubre y una entrevista con Blanche Petrich en donde el maestro le narra a la periodista: “Fue un infierno. Cuando empezaron los guamazos, el chasquido de las balas, pues a correr, echarme de clavado, rodar. Hay un momento en que la cámara deja de funcionar porque se impone el pánico, porque estás sintiendo la muerte, te roza”.

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Manuel Gutiérrez Paredes “Mariachito” fue fotógrafo particular de Luis Echeverría, por encargo del mismo gobierno tuvo que registrar las actividades del movimiento estudiantil. Sus fotografías si bien tenían otra intención en primera instancia, sirvieron para registrar lo que ocurrió antes y después de la masacre de aquel 2 de Octubre. Su archivo fue vendido por su familia a la UNAM en el año 2000, y las fotografías que capturó causarían un gran revuelo después de que salieran a la luz pública por primera vez en la Revista Proceso en el año 2001 en una crónica de la periodista Sanjuana Martínez.

mariachito

En el libro Imaginarios y Fotografía en México, 1839-1970, bajo la coordinación de Emma García Krinsky, viene publicado lo siguiente: “Manuel Gutiérrez Paredes, El Mariachito, un fotógrafo adscrito a la secretaría de Gobernación, fue quien realizó las humillantes filiaciones en que los estudiantes aparecen tirados de los pelos, semidesnudos, golpeados. Testimonios como estos, antes protegidos por la secretaría oficial, han enriquecido la visión histórica de la revuelta del 68 y su fin trágico, hecho que siguen gravitando en lo imaginario colectivo y en la agenda política del presente”.

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Los nombres y los hechos que se van recopilando ayudan a prevenir el olvido, a ir dejando atrás una historia de medias verdades. La labor del fotógrafo siempre cumplirá su cometido, aún décadas más tarde.

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