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Salvaje de Emily Hughes

“Soy un hombre de las fieras y una fiera de los hombres”

– Pedro Calderón de la Barca, La vida es sueño.

 

Caminar (casi correr) entre la espesura de árboles caídos y numerados que forraban a la feria del libro, sólo para encontrar un tomo: Salvaje. Un libro verde liviano y dócil cuya portada me miraba expectante con unos ojos redondos. Lo buscaba para hallar en sus dibujos no solo al ganador del Premi Llibreter de los libreros de Cataluña, sino también la respuesta a una pregunta anticuada; ¿¡Por qué el salvajismo les atrae tanto a los niños!?

Para responder a esta pregunta me pongo en los zapatos de los niños (descalza, al parecer) y recorro la tupida selva de nuestros queridos y viscerales “Salvajes” a lo largo de la literatura; Comienzo recordando a los fundadores de Roma, Rómulo y Remo, criados por una loba, y si escarbo un poco en la mitología me encuentro con seres como el minotauro, el hombre lobo, los faunos e incluso las sirenas. Si me adentro un poco más, me topo con Rudyard Kipling y el famosísimo Libro de la Selva, protagonizado por Mowgli, un niño pequeño criado también por una familia de lobos, ya más cerca está Edgar Rice Burroughs y Tarzán, un (qué raro) hombre, que es criado por una manada de simios. Pero, ya al llegar al fresco 2015 me encuentro con Salvaje, una ¿¡niña!? Que vive rodeada por animales y plantas, quien es de pronto descubierta y “rescatada” por una dupla de feroces animales parecidos a ella… ¡humanos! Quienes la llevan con la incómoda familia de un psiquiatra donde la obligan (sin éxito) a domesticarse.

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Emily Hughes ha aclarado insistentemente que intentó hacer un libro que cuestionara la relatividad con la que percibimos el bien y el mal, y cómo ambas son construcciones culturales que no han funcionado del todo. Pero al parecer no predijo el interrogatorio que generarían sus ilustraciones en nuestra cabeza. En mi cabeza, por ejemplo, se extendió una constelación de tensiones que peleaban contra su dualidad: el impulsivo contra el sensato, la barbarie contra la civilización, el conquistado contra el conquistador, la práctica contra la teoría y el salvaje contra el domesticado.

Para hablar de estos temas tendría que volverme a poner los zapatos que le corresponden a un adulto, pero, (con su permiso) preferiría platicar descalza sobre lo que antes mencioné.

Cuando alguien dice “ser salvaje” casi siempre obtiene un ceño fruncido y una negación con la cabeza, esto es porque la palabra misma ha sido barnizada por una brocha de negatividad a pesar de que algunas veces, relacionamos al salvaje con el optimismo de la libertad. Roger Bartra, en su libro “El Mito del Salvaje” lo define como El Otro, y éste Otro con mayúsculas no es más que la sombra del hombre mismo, un ser salvaje y bárbaro que se sale con la suya y reacciona únicamente a través de la naturaleza del ser humano y sus necesidades básicas. Bartra menciona que el denominar a un hombre “salvaje” es una versión “racista y exótica” de los hombres sometidos por los conquistadores europeos. Pero el salvaje no es más que la encarnación de nuestras limitaciones, el ser humano que puede pasar por alto todo sistema ético, educativo y moral, sin estar consciente de las consecuencias, el sueño de todo niño cuando rompe un jarrón, la pesadilla y utopía de los adultos.

Esto mismo, propone una barrera de otredad, y lo curioso del Otro, es que puede vivir independientemente de nosotros, mientras que nosotros necesitamos del Salvaje para definir quiénes somos y quienes no queremos ser, nuestra educación y nuestras limitaciones.

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Lo que hace Emily Hughes en este libro infantil es una síntesis ilustrada de todos los problemas y aciertos que conlleva el salvajismo en la formación de un ser humano desde pequeño, para planteárselos a los niños de manera divertida. Lo interesante es que la pequeña protagonista de la historia es aceptada salvaje y es devuelta al bosque, donde verdaderamente pertenece y esta vez, ninguna de las dos partes cede a incorporarse, ni la parte adulta y civilizada, ni la parte infantil y bronca, simplemente se aceptan las diferencias entre ambos mundos.

Los niños están acostumbrados a crear un mundo similar al nuestro pero a través de su salvaje imaginación, y para lograrlo nosotros les hemos inculcado juegos con reglas y hasta juguetes que pongan a escala la vida adulta, mujeres de plástico que pueden ser maestras, bebés a quienes alimentar, coches que manejar, casas que construir. Les imponemos nuestras reglas como conquistadores; el mundo de los niños es solo un mundo a escala del nuestro, pero sin limitaciones. Lo que nos lleva a pensar; ¿no serán los antónimos más importantes de este libro los niños contra los adultos?

En México, la literatura infantil está bastante acostumbrada a estar descalza, ya que hay muchísimos libros que contraponen a la tierna y chamagosa infancia contra la pulcritud casi funesta del adulto, basta mirar con grandes ojos las librerías y encontraremos libros como Léperas contra Mocosos de Francisco Hinojosa o el mismo Libro Salvaje, de Juan Villoro. Esto solo demuestra que hay en los niños siempre un instinto casi salvaje que busca identificación con el mundo adulto, pero “de lejitos”, una ventana en la imaginación y la inocencia que los lleva a tener ventaja, la ventaja de absorber sin ser absorbidos, la cualidad de esponja y plastilina, con la que pueden absorber algo y moldearlo a su gusto.

Los niños tienen de suyo algo de rebeldía, y es quizás, su cualidad de indómitos lo que los hace volver a la selva y escoger libros escritos por gente que, valiente como ellos, también se quita los zapatos.

“No se puede domar algo tan felizmente salvaje”.

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Emily Hughes es una artista hawaiana increíblemente joven (23 años) cuyo primer proyecto ha sido verdaderamente “Salvaje”, libro que ganó el Premi Llibreter 2015 otorgado por los libreros de Cataluña en categoría álbum-ilustrado.

El libro está editado por Editorial Libros del Zorro Rojo, en twitter como @LibrosZorroRojo

Si quieres ver los trabajos de Emily Hughes, pulsa aquí.

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Frida Tovar

Frida Tovar

Cuentista en remodelación y estudiante de dramas.
Pescadora de resfriados de 3 a 7.