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Sin lluvia no hay ceremonia

Las cosas cambian y las asociaciones que uno hace a veces se pierden en el aire. El festival que originalmente se celebraría en Xochimilco y posteriormente se ganaría mi cariño por traer a mi banda favorita, seguía emocionándome por el nombre. A pesar de habérmelo perdido el año pasado, mi aprecio seguía de cierta forma intacto, evocando grandes recuerdos e inspirándome a comprar un boleto pre-cartel que después me quitaría un poco la ilusión.

Una edición en el que las guitarras decían adiós en manos de una agrupación nacional para ser devoradas por cajas de ritmo, sonidos orientados al baile, rimas y experimentación. Algo inclinado y más coherente al estilo de los productores del festival y no quiero decir que esto sea un error, de hecho se podía percibir la evolución y una clase de entendimiento de expansión en el público, uno que se notaba entusiasmado y como en casa.

Pero esto lo escribo desde mi perspectiva y a lo que estaba familiarizado, con un sabor amargo de un Camp Roswell gigante con fila de espera, donde el espectro extraterrestre había sido borrado por chicas hentai en lágrimas. Por mesas de madera colapsando por soportar a más de dos personas. Por un sistema de brazaletes que no funcionaba a la perfección o tragos de bourbon inexistentes ya que el distribuidor no llegó con las botellas. A pesar de esto, el trago amargo no nubló la experiencia, solo abrió mis ojos a pensar que este era otro festival al que no había asistido antes y me decidí a disfrutar la novedad.

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Caminar dentro de Ceremonia sigue siendo igual de ameno y este año, con menos arenas movedizas, incluso la distribución de horarios fue pertinente, aunque de todas formas el 99% estuve en el escenario Vans. Sin conocer a Álvaro Díaz no soporté más de dos canciones ya que el baterista ofrecía un estilo muy barroco para lo que realmente se necesitaba. Thundercat, engalanado como mariachi dejaría impresionado hasta al más incrédulo, invitando virtualmente a Flying Lotus y Kendrick Lamar mientras ejecutaba “Complexion” y una improvisación del intro de Adventure Time a la par que el frío iba tomando forma.

RL Grime reventó todo sistema de audio y le agradezco ampliamente haber puesto “Holy Grail” de Jay Z – Justin Timberlake mientras tomaba mi primer cuba en un festival, un momento muy fresa de mi parte. Titán y Disclosure me decepcionaron en mayor parte, con esto no quiero decir que lo hicieron mal, simplemente algo no conectó con mis expectativas. Y si Ceremonia revivió a Zurdok y a Titán, tal vez Niña sean los siguientes.

Sin importar que mi asociación principal se había desvanecido a falta de lluvia, grandes elementos como la oferta alimenticia de Chaló Chaló, la increíble compañía en los carritos chocones, un NAS evocando el espíritu noventero a tope y un por demás excelente Anderson Paak que se despidió resucitando inesperadamente a Bowie, mi felicidad quedó intacta y mis expectativas renovadas.

#MakeCampRoswellGreatAgain

Nota por @sadpizza

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