What´s Up

Todas las mujeres vagabundas del mundo tomando una siesta al mismo tiempo.

Fotos: Cortesía Daniela Olsa

Desde que posé mi vista en las primeras líneas de Finlandia Feliz de Daniela Olsa, supe que transitaba un camino riesgoso pero intensísimo. Supe también que todos mis gustos mundanos (el agua de limón, los chistes del Selecciones, The Sacados) siempre han sido basura pero basura que me preparó durante años para la experiencia estética que conlleva este texto. Y digo texto porque no sé si podamos hablar de un libro. Porque Finlandia Feliz es a la literatura lo que el play doh a la escultura, lo cual es un cumplido porque a veces el juego carece de solemnidad y puede llegar a ser insolente y pleno de vitalidad, como las letras de esta pequeña (de estatura) autora.

La obra es un bricolage de la locura. Toma fragmentos de ficción y de realidad, de espasmos mentales y de ocurrencias que pudieron darse lo mismo en el sopor de un ácido que de un analgésico mezclado con coca-cola. Hay historias de chicos y de chicas. De besos y de canciones, de conspiraciones mundiales tramadas en el rincón de una fiesta.

Los proscritos usualmente son así,van por la vida con novedosísimas
estrategias autodestructivas, iluminando senderos de humo, acosando a todas
tus esposas de la primaria, besando a bebés y víboras por igual, usando
botas para patear grulleros, con murciélagos en el cabello, abriendo el
mundo subversivo de nuestros instintos sin usar.

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Embajadora del sinsentido, su prosa es como un juego de tetris en el que nunca vas a ganar: es rápido, desquiciado y tu mente no reacciona a tiempo, así no esperes quedar impregnado de experiencias místicas y psicomagia terapeutica. Aunque si ya leiste a Jodorowsky, Paulo Coelho y Og Mandino, te recomiendo estalectura como un poderoso choque de cascajo que caerá sobre tu cabeza.

Alguien olvidó un travestido que duerme en calzones bajo la parada de
autobús de Dr. Olvera y Eje Central. La gente se la vive olvidando cosas que
creen inútiles, pero cuando son viejas, insisten en que si las tenían. Una mujer
lleva medio lustro sentada en el metro, sobre una maleta llena de no se qué
narices, lee mucho y se peina un chongo hipster. Hay otra en el paradero del
metro Tasqueña que insiste en orinar a la gente desde el puente.

No hay muchos argumentos que pueda usar para convencerles de leer a Daniela Olsa porque no será fácil su lectura. No hay cursilería innecesaria, no hay alarde de la sordidez, no hay mujeres drogadas despertando en departamentos de la colonia Roma, no hay chistes fáciles, no hay cultura pop servida en bandeja de plata, no hay sexo innecesario, no hay peleas con dios. Quizá podríamos decir que el texto se ocupa de todo lo demás y que por ello es necesario. Están David Bowie, platos de sopa que sabe horrible, charros que confiscan obras de arte, tardes perdidas en Milpa Alta, zapatos dibujados en manos, parejas de adorables amigos, dealers varones con nombres de mujer. Un compendio del mundo hecho de una manera tan breve que deja a tu tweetstar favorito como el pelele que seguramente es.

De una manera despectiva podríamos pensar que todo esto es una oda a la verborrea, y quizá lo sea, pero nuestra generación adoradora del “riesgo sano” necesita mirar tantito a la bragueta del caos, meter la mano por debajo de la falda de la duda y ver que esconde, saber quién es entregándose tantito al abismo.

Muy pronto será la presentación de este texto en las ciudad de Guadalajara y posteriormente en D.F. Seguiremos informando.

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